Cada día te brinda muchas oportunidades para trascender, que es la capacidad de salir de uno mismo y darse a los demás. Esa parte de ti que otro necesita, siendo accesible a ese amigo, acompañando a la persona que está sola, compartiendo un momento, expresando de muchas maneras el amor hacia los demás.

 

Existe un dicho que dice: Es mejor dar que recibir, y es una gran verdad. Todos tenemos la posibilidad de ayudar a los demás gracias a nuestros dones y talentos. No hay dos en el mundo iguales así que siempre existe algo que tú haces de una manera diferente y con lo que puedes ayudar a otros. Algunos tienen la posibilidad económica, otros lo hacen con tiempo, escuchando, ayudando en una situación particular, donando sangre, ayudando a cuidar a un niño o a un ansiano, etc.

 

Cuando dejas de pensar solo en ti y te enfocas en algo o alguien distinto, creces. Servir significa cuidar la fragilidad, atender la necesidad, plasmar el amor en acciones y decisiones.

Pero ¿Cómo puedes practicarlo?, muy sencillo, realizando pequeñas acciones de bondad donde entregues:

– Tu trato amable: hazle ver a los otros que son únicos y especiales, sin juicio y sin etiquetar.

– Tu comprensión y empatía: ponte en el lugar de las personas cuando sea necesario.

– Tu amor al dar: aplicable a la familia, en tu trabajo, con tus amigos, en tu comunicación diaria.

– Tu tiempo de calidad: dedícate a la otra persona, quédate presente en las conversaciones, sin prisas, sin interrupciones.

– Tus palabras: frases de apoyo y esperanza, muchas veces basta una palabra amorosa, una mirada cariñosa, un gesto para llenar el corazón de alguien más.

– Tu contacto físico: abrazos, besos, caricias, palmadas.

 

¿Qué te impide ayudar?

– Pensar en tus intereses propios, quedarte atrapado solo en tu yo.

– La comodidad que no te deja salir de tu zona de confort.

– El miedo que te limita y te incapacita.

– La falta de motivación en lo que deseas realizar.

 

Recuerda…
El dar aumenta tu nivel de energía, genera endorfinas que son las hormonas de la felicidad, te conecta a tu propósito vital, te deja con la satisfacción de ser protagonista y no espectador del amor. El dar proporciona alegría interna, gran satisfacción y dicha.

 

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