Las familias unidas tienen una característica en común: la inteligencia emocional (IE). Esta es la destreza que nos permite conocer y manejar nuestros propios sentimientos e interpretar o enfrentar los sentimientos de los demás, sentirnos satisfechos y a la vez crear hábitos mentales que favorezcan nuestra propia productividad y el bienestar de otros. Se forma y se concibe desde el vientre materno. Es decir que todos al ser parte de una familia logramos desarrollar la capacidad de amar, de dar, de compartir, de tomar decisiones y de dirigirnos al bien a pesar de los retos que suponga. También es el arma que nos ayuda a vivir plenamente cada etapa de la vida, desde la infancia hasta llegar a la madurez, facilitando las transiciones entre una y otra.

 

La inteligencia emocional en la familia tiene que ver con la atención y amor que los padres se brindan a sí mismos y a cada uno de sus hijos, aceptándolos con sus virtudes y defectos, apoyándolos en sus necesidades, esto es lo que hará de cada uno una persona emocionalmente inteligente, y a una familia unida, ya que habrá comprensión y aceptación mutua.

 

Actualmente muchos padres se enfocan en dar a sus hijos bienes materiales, viajes, oportunidades, pero si esto se hace en exceso y sin un sentido, el resultado será opuesto a fortalecerlos y serán personas frágiles, que incluso pueden llegar a desarrollar ansiedad al no saber cómo enfrentar retos ni resolver problemas. Al contrario de esto, es importante enfocarse en preparar a nuestros hijos para la vida, aprendiendo a reconocer sus debilidades y ayudarles a trabajar en ellas, no permitiendo más comodidad, egoísmo o mal humor fortaleciendo el autocontrol y su IE.

 

Pero, ¿cómo lograrlo?

La respuesta es este modelo que identifica cuatro factores en la inteligencia emocional que te ayudarán a ponerla en práctica más fácilmente:

 

  1. Percibir las emociones: el primer paso en la comprensión de las emociones es percibirlas con exactitud, y esto se logra comprendiendo las señales no verbales, como el lenguaje corporal y las expresiones faciales.

 

  1. Razonamiento emocional: el siguiente paso será utilizar las emociones percibidas para promover el pensamiento y la actividad cognitiva. Las emociones ayudan a priorizar, es por eso que respondemos emocionalmente a las cosas que focalizan nuestra atención.

 

  1. Comprender las emociones: como las emociones que percibimos pueden tener varios significados es importante interpretar correctamente su causa y lo que podría significar.

 

  1. Manejo de las emociones: esta es una capacidad clave para la inteligencia emocional. Regular las emociones, respondiendo apropiadamente a cada una es el objetivo final.

 

Al ya tener afirmados los pasos anteriores, será necesario desarrollar en ellos: ilusiones, metas y retos que los motiven a hacer realidad sus sueños a pesar de las adversidades, la perseverancia en las decisiones tomadas, el ponerse en los “zapatos” del otro, el reconocimiento y control del enojo, y la auto aceptación, ya que hará que desarrollen el autoconocimiento, el autocontrol, la motivación, la empatía y su relación con los demás, siendo estas las cinco habilidades más importantes de la IE.

 

Recuerda que la vida cotidiana familiar, laboral y social está llena de situaciones de todo tipo. Lo importante es cómo las enfrentamos y enseñamos a nuestros hijos a hacerlo. Amar en situaciones fáciles lo hace cualquiera, amar en situaciones difíciles y demostrarlo es lo complicado. Si nosotros hacemos lo que corresponde, lograremos hacer de ellos personas que sepan rectificar y hacer lo que deben en cada momento, haciéndolos dueños de sus actos, responsables y chicos seguros de sí mismos.

 

No olvides que amarlos incondicionalmente hará mucho más que mil consejos y que cada uno de nuestros actos habla fuertemente, los hijos necesitan ejemplos de vida.